sábado, 1 de septiembre de 2007

Y comienza el juego!

Filipino, cantonés, coreano, finlandés, holandés, castellano y noruego. Idiomas exóticos que no tienen cabida en este mundo donde sólo prima el inglés y el nipón. Pero es esperanzador: por mucho que puedan hablar inglés, los japoneses te hablan su idioma. Simplemente les sale. Y qué ánimos, qué participación en ceremonias otrora aburridas y silenciosas (alrededor de 60 personas se presentaron ante los antiguos residentes, y cada vez que un novato decía "buenas tardes", escuchabas a la audiencia responder estruendosamente "buenas tardes", siempre con la misma fuerza). En verdad; creo que estos habitantes de tokyo tienen varios pernos zafados. Están tan majaretas como los retratan sus animés (me pregunto si el dilema de la gallina o el huevo se aplicará en este caso). Pero me gusta. Y doy las gracias por la suerte que tuve de coincidir con una de las generaciones más prendidas, jugosas y fraternales (la censura me impide seguir calificando) que este edificio ha visto en el último tiempo. O al menos así lo creo!



Bueno, voy a los detalles. 2 horas y media en tren/metro desde el aeropuerto a la universidad. Y el paisaje me dejó con la boca abierta: la mayoría de las casas de la periferia están construidas con techo estilo pagoda (más oriental echarle soya), y de vez en cuando ves un templo loco construido cerca de la línea del tren. Una vez en tokyo mismo, tomamos la conexión al metro. Cabe recalcar que la persona que me fue a buscar era, visual, emocional y declaradamente, una chica (SI!).

Foto de la vista de mi pieza


El metro es un poco más ancho que el de Santiago y más angosto que el de Sao Paulo. Siendo las 9 de la mañana un sábado estaba bastante lleno (yo calculo que similar a las 5:15 pm un jueves en Santiago). Tengo que subirme algún día a las 8 de la mañana, "rush hour", para testificar si efectivamente nuestro metro supera en personas/metro cuadrado al de japón. Y para qué hablar de la propaganda! Miles (y digo: miles) de anuncios, carteles y afiches por todos lados (por toooodos lados), con colores tan chillones que tu cerebro se revolcaba catatónico entre tus sienes mientras caminabas. Los ciegos deben de ser las personas con menos estrés en esta ciudad al evitar todo este epiléctico estímulo. No pude sacar fotos del metro: toda la gente del vagón disimulada(e indisimulada)mente parecía inspeccionarme. De seguro encontraron increíblemente sexy a este extranjero que llevaba dos días casi sin comer, ducharse o afeitarse. ¿Quién sabe? Sobre gustos no hay nada escrito.

Los residentes de mi dormitorio (Global House) me recibieron con los brazos abiertos y mucho afecto. Hicieron una fiesta de bienvenida donde nos presentamos todos, y comimos comida típica japonesa hecha por ellos (salvo las pizza hut y macdonald's que también abundaban en la mesa). Comimos, hablamos, nos reímos y comenzamos a conocernos. Tanta gente de tantos países distintos! Luego de la fiestecilla, los menos abatidos comenzamos a tramar un pequeño "after party" en uno de los dormitorios del segundo piso. Qué íbamos a tomar? Seguro que agua no. Llevé las 6 cervezas distintas que compré en la tarde (con motivos netamente científicos), y el dueño de habitación se puso con una de ron (capitán Morgan) y un elegante señor Smirnoff. Todos se veían cansados al comienzo, por lo que tuve que darle más ánimo al asunto. Hasta que logré enseñarles a jugar Cuarto Rey (juego de cartas que el entendido en el tema comprederá que tiene efectos devastadores). Así que ahí comenzó la noche. Y no paró hasta cuatro horas después, cobrando un saldo de dos carreras desesperadas al baño y muchas caras tostadas por el sol de la cantina.

Yo, por supuesto, me porté como un caballero. Recatado, correcto y honorable. Y cómo no, si sólo había dormido 3 horas en los últimos 2 días (3 horas en 37 horas de viaje, para ser más exacto). Aprendí curiosos juegos en japonés para beber (que siguen un principio similar al de Los Limones o el Taritá). Tengo varios videos, pero ya los subiré una vez que obtenga los permisos sobrios necesarios (dicen que la venganza del chinito es terrible, así que por muy japoneses que sean no voy a arriesgarme).

La primera de muchas noches por venir. Y ya siento que me queda poco tiempo acá. Y ni hablar de los días: mañana a las 9 de la mañana espero estar caminando por la ciudad, recorriendo esta ciudad fantástica que logra reunir lo legendario y lo neotecnológico y encerrarlos en una curiosa armonía.

Disculpen la falta de fotos. Y la falta de detalles. Llevo menos de 20 horas acá, y ya siento que estoy haciendo un racconto en generalidades.

Un sueño en vida hecho realidad ;)

viernes, 31 de agosto de 2007

Breve guia practica de Canarias

Para todo aquel que quiera ir a Islas Canarias, les daré un par de consejos:

En primer lugar, si cuentan con un presupuesto no demasiado extenso, tomen un BUS desde el aeropuerto hasta la estación San Telmo o Santa Catalina. Por qué? Muy simple: el taxi hasta la ciudad cuesta entre 30 y 40 euros (es una tarifa más cara por ser un viaje interurbano). Reserven con anticipación su hotel, pues gran parte del año Canarias es un centro boyante de turismo.

Si es carrete y fiestas lo que buscan, Las Palmas de Gran Canaria es su objetivo (es la ciudad donde llega el avión). Si buscan paz, tranquilidad y playas de arenas blancas y aguas turquesa, les aconsejo que vayan a las islas circundantes de Gran Canaria. En especial Fuerte Ventura o Lanzarote. El pasaje de avión cuesta alrededor de 65 euros y demora entre 30 y 45 minutos, mientras que el ticket de ferry tiene un costo de veintitantos euros, pero demora de tres a cuatro horas.

Bueno, ese ha sido el dato práctico del día de hoy.

martes, 28 de agosto de 2007

Feliz como una perdiz y cantando como un Canario


Signos de vida. Al fin! Batí mi récord de nº de días sin revisar mi mail (sonará ñoño, pero es más de 4). En fin. No tengo mucho tiempo de escribir, así que intentaré resumir las aventuras de los últimos días.

Luego de haber perdido el primer avión por un error de lectura, me embarqué el pasado viernes rumbo a Islas Canarias (sí, es cierto. Intenté no divulgarlo mucho por motivos "probablementesevanaburlardemi-ísticos"). Luego de más de 30 horas de viaje (partí al aeropuerto de Santiago alrededor del mediodía y llegué a Gran Canaria en la medianoche del sábado),logré descansar un poco antes de partir a Fuerte Ventura (mi destino final en este interesante "set" de islas españolas).


Permítanme contarles un poco sobre Islas Canarias: el paisaje es mucho más árido de lo que me imaginaba (aunque no por ello menos lindo), los españoles que viven acá hablan con un acento centroamericano que no se la pueden (como bien me señalaron mi padrino y el juano antes de partir), y también la gente es impresionantemente cálida y solidaria cuando uno pide ayuda. Debo admitir que tuve que pedir socorro en más de una ocasión (hasta para usar el teléfono público, es bastante curioso todo acá).

Permanecí algo así como 12 horas en Las Palmas (la isla principal, mejor conocida como Gran Canaria), donde aproveché de caminar y perderme de noche en la ciudad, observar los varios borrachines que haciendo peligrosas piruetas volvían a su casa, e inspeccionar un poco el fiesteo canario (que no anda nada mal, joder!).



Como muchos saben, vine a Fuerte Ventura exclusivamente a visitar a mi querida amiga Thordes por unos pocos días antes de partir a mi intercambio a Tokyo (sólo un día me resta para tomar el avión). Playas paradisíacas, un clima único en el mundo (los canarios se ufanan de poseer el segundo mejor clima del mundo después de California) y europeos ávidos de carrete es lo que más me ha llamado la atención de esta isla.
Lo hemos pasado de lujo con Thordes y sus amigos, esto está de Puta Madre!

Cabe recalcar mi felicidad al descubrir que en el supermercado vendían barriles de heineken de 5 litros... jojojojo


Me queda un puro día para partir a japón, y a pesar de estar comenzando mi viaje ya le estoy estrujando el máximo a estos días. Ahí por mail o internet les contaré más de Canarias, pero por ahora la próxima parada es...

TOKYO!!!

lunes, 13 de agosto de 2007

Es sólo un juego... pero te detesto

Quién no ha jugado Ataque alguna vez? Cuántas horas invertidas, gritos pelados, golpes a la muralla y maldiciones empedernidas hemos echado al jugar este juego clasiquísimo de mesa? Yo hace mucho tiempo que no jugaba, pero ahora este fin de semana que pasó volví a tirar los dados de ataque y defensa, intentar cumplir mi objetivo de conquistar europa y américa del norte y, por supuesto, sacar mi carta de territorio al final del turno.



Fuimos a Rapel con mi amiga Cecilia y otros amigos, y fueron varias las horas que estuvimos abocados al juego. Con la Ceci peleamos, nos gritamos, nos abucheamos y pataleamos, cosa que sorprendió un poco a nuestros contertulios dado el alto volumen con que lo hicimos. Lo admito: me tomo demasiado a pecho el juego (por no decir que soy algo picado). Soy capaz de gritar, discutir, enervarme y ser el jugador más feliz del mundo durante el juego (todo casi al mismo tiempo). Tuvimos sendas peleas verbales con la Ceci, nos agarramos de las mechas y también tuvimos alianzas. Pero como buenas personas maduras, todo quedó en el tablero.




Cabe recalcar que, en todos mis años de jugador de ataque, en más de una ocasión estuve enojado por varias horas luego de terminar la partida. Lo divertido es que conozco gente ya mucho mayor que yo que aún le pasa lo mismo, y al verlos en verdad pareciera que dijeran "es sólo un juego, pero te detesto".

viernes, 20 de julio de 2007

Breve nota sobre el transporte lisboano

Así es. No podía faltar la pequeña reseña que contrasta nuestro desventurado sistema de transportes en Santiago. Pero no es mi objetivo seguir menospreciando nuestros lindos e infrecuentes buses blancoverduscos y metro que desborda almas humanas, sino que estoy dejando en evidencia el sistema usado en otra de las capitales del mundo: Lisboa.

A pesar de que para moverse a ras de suelo existen buses no-orugas (pero muy modernos también, marca MAN), una de las opciones para no andar a pata de un lado para otro son los tranvías. Localmente llamados elétricos, son más lentos que la reforma previsional y a menudo están atestados de gente (lo cual me hizo evocar mágicos momentos tanto en el metro como en las micros de Santiago), pero ofrecen una pintoresca visión de la ciudad.



Tuvimos la suerte de tomar un elétrico a un horario donde estaba casi vacío. Lamentablemente, en un principio no teníamos muy clara la distancia a recorrer, que resultó ser unas pocas cuadras. Gracias a los semáforos y el tráfico, nos hubiésemos demorado menos caminando.



Pero tengo que reconocer que fue una bonita experiencia (aunque sólo fuera por un par de cuadras). El aparato apenas hace ruido, no chirrían los rieles y el cable que da a la electricidad tampoco suena amenazador. ¡Y además era muy bonito y limpio por dentro! Muy digno de un país desarrollado...

Pero nada iba a escapar a mi ojo avizor. Bastó que fuera la hora de almuerzo para que detectase que estos trencitos eléctricos se llenaban de gente. ¡Por poco y quedaban colgando! Ahí caché que estos tranvías son muy prácticos a la hora de hacer recorridos por calles demasiado pequeñas (propias de Lisboa), pues los buses no pasan (ni caben) por ahí.




Y con relación al metro: las puertecillas de entrada son de lo más simpáticas y modernas que hay. ¡Lo único que les falta es lanzar un suspiro cuando se abren! Tengo que admitir que por más que hayamos andado en metro, no me canso de mirar cómo se abren y se cierran.



Hoy viajamos en metro en horario punta. A medida que bajábamos las escaleras hacia el andén, nos quedamos helados: las rodillas nos comenzaron a temblar, gotas heladas de sudor empaparon nuestras frentes y un escalofrío nos recorrió de pies a cabeza, pues la escena parecía sacada de una de las más oscuras pesadillas del transantiago. Casi hasta las escaleras la gente se agolpaba en el andén, mientras esperaban que llegase el metro. ¡Dios santo, danos fuerza! Sin embargo, cuando terminamos de bajar caímos en cuenta de que este terrible déjà vu sólo se limitaba a una porción pequeñísima de todo el espacio construido. La razón: el metro de Lisboa sólo tiene tres vagones. Así es: ni uno, ni cinco, ni ocho; tres vagones. Por lo que es natural que la gente estuviese tan apiñada. Y al final ni siquiera resultó ser tanta gente, incluso mi mamá se pudo sentar. Jojojo... Lo que sí, las puertas cierran relativamente rápido así que hay que ser muy veloz y ágil.




Para terminar este relato, DEBO hacer mención al momento culinario del día de hoy. Fuimos a un área de Lisboa llamada Belém, donde por ahí leímos que hacían unos míticos pastelitos de nata en una antigua pastelería de la zona. Muchas leyendas circundaban estas delicateces, entre las que cuentan que un sinnúmero de importantes personajes de la historia las han probado (incluso se dice que Bruno Carrillo tuvo uno de esos pastelillos entre sus manos y lo devoró de un solo mordisco).

Bueno, poniéndonos más serios, era cierto. Eran míticos, eran dulces, eran suaves; lo eran todo. Se veían muy pequeños y humildes, pero después del primer mordisco no sabías si seguías en la tienda o habías accedido a un nirvana personal. Cubierto de una tierna capa de milhoja delicadamente salada para mantener un equilibrio áureo (exactamente en el punto donde la milhoja no es seca, pero tampoco demasiado húmeda), a medida que seguías mordiendo tus sentidos entraban en contacto con el relleno: una salsa suave de vainilla con toques de canela, cuya consistencia pura tenía un sabor dulce potente pero en ningún motivo te sentías hastiado. Todo lo contrario: sentías que tenías que pegarle un segundo mordisco, y un tercero, y un cuarto, pues de alguna manera los creadores de estas obras maestras encontraron la manera de refrescar, despejar y enviciar el paladar con 100 gramos de perfección hecha dulce.



Para quien vaya a Lisboa y sea amante de los dulces, es mi deber obligarlos a que pasen a comer estos pastelitos a la pastelería de Belém. Hay un mar de gente todo el día haciendo cola para comprarlos, y ya comprendimos por qué. No en vano la tienda lleva abierta desde 1837, y a este ritmo ( y si mantienen inalterada la receta mágica) tienen para mucho rato más.



jueves, 19 de julio de 2007

Lisboanischer traum


Y bueno, seguimos en curso. El último día en Madrid aprovechamos de pasar al museo arqueológico, donde hay reliquias guardadas desde los tiempos romanos (y antes). Lo más impactante fue ver las monedas de plata con dibujitos y con "Roma" escrito.


Llegamos con harta anticipación al aeropuerto de barajas, y sólo ahora caí en cuenta de lo grande que es. No deja de ser! Estábamos haciendo la cola para embarcar cuando cambiaron el lugar de embarque. Corrimos y quedamos primeros en la cola, je...


Ahora bien, en Portugal hemos hecho harto ya. Además de las incontables horas de caminata, aprovechamos de ir al renombrado acuario oceánico de Lisboa (supuestamente el segundo más grande del mundo luego del que hay en Osaka, Japón). Nótese que el monito flotando abajo es la mascota oficial del acuario, y se llama Vasco.


Tengo mis dudas sobre si será o no el segundo acuario más grande del mundo, pero sí tiene mucha variedad. Hartos pingüinitos, aves varias, animales y (obviamente) peces de toda índole. Incluso tenía peces de profundidad donde sólo se veían las luces que emitían! Pero de los que se llevaban más la atención, eran las nutrias que estaban descansando en desmedro de todos los "Ooohhh qué tierno" y "aquí, bichito bichito" del público.


El acuario tenía un tanque central (enooooorme) sobre el cual estaba construida toda la instalación. Todas las salas, bóvedas y mini acuarios giraban en torno a este enorme tanquesote azul, y lo podías ver desde todos los pisos y de todos los ángulos posibles.

En el video, el pez luna (que paradójicamente en inglés se llama "sunfish") que aparece al final debe medir más de un metro veinte. Era gigante (y muy feo, por lo demás). Sin embargo, es una especie que puede alcanzar los 3 metros de alto y pesar una tonelada. Cuando el macho se encuentra con la hembra (cosa muy rara, dado la escasa cantidad de estos animales que va quedando), ésta pone 900.000 huevos (cosa de asegurarse que por lo menos uno sobreviva). Los alevines (o retoños de pez) son ¡60 millones de veces más pequeños que su progenitor! No deja de ser, considerando que los bebés humanos son sólo 20 veces más pequeños que sus padres.




Y como lo había prometido, comencé mi degustación del bacalao. Hay más de mil y una formas de prepararlo, pero cataré las que pueda en el tiempo que estoy acá. Hasta el momento llevo 2: la primera es el Bacalhau à concha d'ouro (especialidad de un restaurant del mismo nombre). Era bastante sabroso, aunque se les resecó un poco la carne de pez. El puré estaba excelente y la salsa de tomate muy buena. Le doy nota 5.5 (tengo un paladar muy exigente).


El segundo plato era Bacalhau à Bras, curiosa creación mezclada con papas fritas y un poco de huevo. Muy ingenioso, agradable al paladar y -cosa curiosa- estaba bien de sal. Nota: 6,2 =)


Lisboa nos espera. Es lindo ver ese mar de tejas rojas, aunque no me evocan ese sentimiento de melancolía que profesan todos los libros de portugal y guías turísticas. La(s) foto de abajo fue sacada en uno de los miradores de la ciudad al atardecer.



Hay que agregar que la ciudad consta de miles de calles pequeñas, con muchas escaleras y muros muy altos. Coloridas, de arquitectura clásica, es un agrado andar corriendo de arriba para abajo: nunca sabes dónde vas a salir. Es como un valparaíso al cuadrado! Incluso hay tranvías que todavía funcionan sobre rieles y con electricidad (de hecho, les llaman "elétricos").

La rua augusta es un paseo peatonal muy lindo. Y pudimos disfrutar de la vista mientras comíamos en un restorán hábilmente emplazado en la mitad.



Ya vendrán nuevas fotos. Me reclaman el computador (con justa razón, en todo caso), por lo que debo dejar esto hasta aquí. No sin antes poner una foto de la entrada a la rua augusta! Hoy visitaremos un par de castillos e iglesias, Lisboa ha superado todas nuestras expectativas (y eso que eran muy altas).



martes, 17 de julio de 2007

Legados romanos, y ahora aventuras lusas

Sólo cuatro días teníamos para visitar Madrid y sus inmediaciones. Así que tomamos la decisión (que muy sabia resultó ser) de ir a la ciudad de Segovia, a visitar el afamado acueducto romano que aún se encuentra en pie y una que otra iglesia y castillo. Partimos a la estación de trenes de Atocha (donde fueron los atentados del 11M), pero terminamos tomando el tren un par de estaciones más arriba. A eso de las 11 am ya estábamos arriba, camino a Segovia.


Camino en el tren, la gran mayoría del paisaje no difirió mucho de lo que es la cuarta región chilena: llanuras con muchos cerros, semi secas y con vegetación de espinos y árboles por el estilo. Pero lo que vimos luego de llegar a Segovia nos dejó con la boca abierta.



Alguna vez escuché hablar del famoso acueducto de Segovia. Sabía que era de las pocas obras romanas que aún se tenían en pie, que estaba perfectamente conservada y que ni un poquito de pegamento fue utilizado para erguirla (y hasta el día de hoy se tiene en pie nada más que por gravedad), pero jamás imaginé que fuera tan imponente. Es enorme!



Cabe recalcar que la arquitectura romana legó a la humanidad el arco. Fue la gran ruptura y el gran avance en el mundo de la construcción, pues rompió el esquema de "pongamos 4 pilares y una plancha encima, a modo de torta" usado para edificar.

Había miradores por doquier, y tuvimos vistas de casi todos los ángulos posibles de el acueducto. Debo reconocer que no me cansé en ningún momento de admirar este monumento. Y realmente no se veía ningún tipo de estuco, martelina o cemento entre piedra y piedra! Romanos cabrones ociosos...



Y como no podía faltar la foto familiar...

Luego de mucho caminar (insisto en caminar para todos lados, en contra de los continuos deseos de mi madre por tomar un taxi. Estoy seguro de que en China sería feliz ella con esos carritos tirados por un chinito corriendo al frente =P), tuvimos que hacer obviamente una parada a probar la cocina local. Y qué era lo típico? Pues lo que estaba en todos los carteles de todos los restoranes de la ciudad: Cochinillo, Cordero y Ternera. Encontramos un pequeño rinconcito llamado "La casa de Jimeno" (o el rincón de jimeno, no recuerdo muy bienI), y pedimos: Alfredo cordero, Andrés ternera y yo cochinillo. Un verdadero lujo! Muy bien saben cocinar estos segovianos (y españoles en general). La pierna de cordero era enorme, y muy sabrosa (y para qué hablar de la ternera y el cochinillo, pero no fueron documentados).


Como buena ciudad española, no podía faltar la catedral enorme, con arcos góticos en el techo y columnas de piedra de más de 60 metros de altura. El tiempo me apremia un poco así que sólo subiré una imagen de la catedral por el momento, y fue sacada desde el castillo de alcázar.


Y bueno, como mencionado anteriormente, el Castillo de Alcázar. Cuna de muchos reyes españoles, el castillo era espectacular. Un poco más árido de lo que me imaginaba en mi infancia, pero no por ello menos interesante, nos sorprendimos al ver la colección de cañones, armaduras, escudos, mueblería, frescos, pinturas y arquitectura de este "fermoso" (como se decía en castellano antiguo) lugar. Nuevamente por motivos de tiempo subo sólo una fotito (sacamos muchas más, cientos si es que contamos las de mi mamá).

Volvimos a Madrid como a eso de las 9 de la noche. Ni comimos de lo muertos que estábamos. Día 100% productivo, considerando que Segovia queda a poco más de 100 kilómetros de Madrid, y el tren más encima paraba en muchos pueblitos antes de llegar. Y además de todo eso, sólo durante ese día terminé un libro de 600 páginas. Comencé a leerlo esperando el tren en la mañana, y lo terminé avanzada la noche luego que llegamos. No sé en qué momento habré devorado tantas páginas.

Y bueno, ahora llegamos a portugal. Las aventuras no han hecho más que cambiar de escenario, Lisboa (por lo que vimos hace un rato caminando con Alfredo) nos aguarda con mil maravillas, catedrales, fortalezas, palacios, acuarios, farras y unas mágicas mil y una noches que debemos comprimir en 7 días, por lo que se nos viene increíble. Los 3 hermanos y mi santa madre aguardamos atentos, listos para la acción.




Ya pondré más noticias del viaje. Saludos por ahora!

Callos 1, Bruno 0

Jamás he podido comer ostras ni erizos. No porque no me gusten; al contrario, al ver a gente comiendo ostras con limón se me hace agua la boca. Pero es debido a la textura demasiado suave que no puedo: el momento en que una desafortunada ostra entra en contacto con mi paladar, me dan arcadas (sepa moya por qué).


Ahora bien, estando en Madrid, ¿cómo no iba a comerme unos callos a la madrileña? Estaba al tanto de que se hacían con guatitas (y a pesar de que la última vez que comí guatitas no me desagradaron, tampoco soy un gran fan de este plato), pero pucha... estaba en Madrid. Es como comer vienesas en Viena. En fin.



¡Y llegaron los callos! Olían y se veían sabrosos, pero a menudo todo queda en las apariencias. Primera cucharada todo bien, no fue tan terrible como yo pensaba. En la segunda ya estaba un poco menos convencido de la sabrosidad de lo que estaba comiendo, y en la tercera comenzó la cuesta arriba. ¡Demonios!


Ya pasada la mitad del plato, la textura demasiado suave y a la vez chiclosa me superó. No hubo arcadas ni teatro, pero mi estómago estaba chillando por un descanso. A lo que me vi forzado a tirar la toalla... no es por ser llorón, pero en los pedacitos de grasa adosados anexos a la carne ¡había hasta pelos de res! Podías apreciar todas las capas dérmicas de la vaca. ¡Damn!



Yo, Bruno Carrillo Be, declaro: ¡no me gustan los callos a la madrileña! Primera excepción culinaria en muchos años. Y espero que sea la última (ojalá)

domingo, 15 de julio de 2007

Mío Cid en Madrid


Y llegamos a la capital española con mi familia, luego de 13 largas horas de viaje en avión. Ha sido la noche más corta de mi vida! Al haber 6 horas de diferencia entre Chile y España, técnicamente mi noche duró 4 horas (de las cuales, obviamente, dormí una o dos). Llegamos tipo 7 de la mañana, y la vista es deslumbrante. Arcos, construcciones centenarias y parques frondosos pasaban por nuestro lado a medida que avanzábamos por Madrid rumbo al hotel, y apenas llegamos no pudimos esperar. Sin siquiera ducharnos ni cambiarnos de ropa salimos a caminar con mis hermanos, nos lanzamos de lleno a recorrer las calles madrileñas.



A pesar de habernos perdido dos veces, nos las arreglamos para volver al hotel a tiempo para desayunar con nuestra santa madre. Y bueno, de ahí a seguir recorriendo los parques, jardines, fuentes y museos que hay en esta ciudad! 4 días es demasiado poco tiempo como para recorrer, ahora comprendo por qué todo el mundo viene mínimo un mes a europa a viajar.



Nuevos datos incorporados:

-El cuadro Guernica de Picasso es mucho más grande de lo que creía.
-Los callos a la madrileña y yo no nos llevamos mucho
-La cerveza artesanal de los bares alemanes locales la lleva
-El cambio de horario es letal (pero no lo suficiente como para derrotarme, jejeje)



Hoy iremos a la amurallada ciudad de Ávila, y quizás a Segovia. La Real Academia de la Lengua Española me espera, entre hoy y mañana la iremos a visitar. Parece que la noche de carrete madrileña es cosa seria. Espero sobrevivir =P.





viernes, 13 de julio de 2007

Stand by

Un mes y un poco para irme. Sí, a Japón. Las horas pasan insomnes, sin prisa. Sólo cinco semanas se interponen entre mi pantano y el sol. Nada más que 40 días para consumar un anhelo de 8 años.


Qué simpático cómo todo va quedando redondito.





Hasta el 1 de septiembre, este blog queda en stand by (salvo por uno que otro post accidental).

jueves, 14 de junio de 2007

Una velada en Saltimbanco

Ya era hora de actualizar este asunto. Supongo que mi "yo redactor" está guardando fuerza escritoril para cuando esté en japón, pero no es excusa para tener botado el blog este par de meses, no señor! A lo que aprovecho de poner un extracto de algo que escribí el año pasado, luego de haber ido a ver Cirque du soleil.


"Trapecistas, acróbatas, una equilibrista china, mimos, payasos y una hora después, la primera mitad de la función estaba por acabar.

Dos payasos pusieron en el centro de la plataforma un carrito con una superficie plana de aproximadamente medio metro de ancho, uno de largo y uno de altura, y encima se subió una mujer menuda –no medía más de un metro sesenta –y muy delgada. Tenía una chaqueta y pantalones color crema con suaves líneas rojizas verticales, y un gorro de copa también de color crema. Bajo la chaqueta, brillaba una camisa de un azul muy intenso, y los pantalones cubrían en parte unos brillantes zapatos a tono con la tenida.

Sacó tres pelotitas de goma de sus bolsillos, un poco más pequeñas que sus manos de dedos finos. Comenzó a malabarear tranquilamente, al compás de la canción que tocaba la banda. Tirando las tres pelotas para arriba, luego haciéndolas rebotar en la pequeña base, la risueña mujer miraba al público con una sonrisa tal que parecía desapercibida de los tres objetos que volaban sin esfuerzo frente a ella. Se detuvo un momento, y sacó una cuarta pelotita de otro bolsillo. Siguió jugando con ellas: para arriba, luego para abajo, siempre al ritmo de la música. Alrededor de treinta segundos después, un payaso le pasó una quinta. No sólo la puso en el aire junto con las otras, sino que además comenzó a bailar tapping al ritmo de la música. Se detuvo de nuevo. Le pasaron la sexta. Luego la séptima. La octava. Y el público, hipnotizado al ritmo de esas pelotitas danzantes, sostuvo el aliento cuando le pasaron la novena. El momento de la verdad; el clímax. ¡Y lo logró! Lluvia de aplausos y gritos de euforia inundaron la gran carpa, y la mujer, exhausta, en ningún momento dejó de sonreír."


Una velada en saltimbanco

sábado, 5 de mayo de 2007

El inexorable lenguaje del caos

Son tantas las casualidades y coincidencias en el día a día que es imposible que sean todas casuales. No digo que haya un gran libro shutil univershal donde esté todo escrito, sino que deberíamos estar conscientes de que ocurren casualidades y coincidencias todo el rato (too el rato, in mai laif!). Tanto así, que incluso podría verse como algo normal. Pero como solemos estar mirándonos el ombligo la mayor parte del tiempo, no nos apercibimos de la gran maravilla que es el caos. Cuando nos ocurre una coincidencia o una casualidad extraorinaria, es un evento que nos permite palpar que efectivamente existe una realidad afuera de nosotros. Y todos le otorgamos valor distinto a las cosas: por ejemplo, si estuve a centímetros de ser aplastado por una barra metálica caída de una construcción, puedo considerar la situación cercana a la muerte como una revelación cuasi divina y decidir que la vida es demasiado corta y hay que aprovechar cada segundo de ella, o tal vez no le pongo atención a lo cerca que estuve de morir y sigo tranquilamente como si nada hubiese pasado. Pero las cosas pasan, de veritas de veritas. Lo suficientemente de veritas como para afectarnos a nosotros y a la gente que nos rodea. El caos es el lenguaje que tiene el mundo de comunicarse con nosotros. Y como es archisabido que los seres humanos tenemos problemas de comunicación... a menudo aprendemos a fuerza de nalgadas y dolorosos golpes.

Yo creo que tenemos mucho que aprehender de lo que nos rodea. Y de los que nos rodean. Creo que esa es la razón por la que estudio lo que estudio. Conocer, conocer y conocer. Conocer la historia del tipo que pasó 40 años encerrado en su casa y por fin vio la luz, la historia del joven que por amor intentó suicidarse en moto con la polola que lo había pateado, etc., etc.. Hay una infinidad de cosas misteriosas allá afuera que nos pueden aportar tanto... por algo leemos. Por algo soñamos. Por algo fantasiamos: "y si las cosas fueran de tal modo", "y si me ganara la lotería", "y si encontrara el amor de mi vida mañana, qué le diría", "si pudiera salir de este dolor, qué haría". Pero para qué queremos aprender? Para ser felices? Si todo lo que necesitamos para serlo está al alcance de nuestro mano (lamentablemente solemos vivir con los ojos cerrados, y así jamás veremos más allá de los párpados). Moya para qué aprendemos. Quizá para ser "mejores personas", etc. etc. etc. Y el tema da para mucho blabla, pero el tuto me invade y añoro mis sábanas. Una noche más de sueños extravagantes (la otra vez soñé una tremenda aventura "jacky-chanesca").

Sigur Ros definitivamente era la música para escuchar mientras escribía estas weas. Qué caótico haber llegado hasta ese grupo. Pero por otro lado, no debería sorprenderme: es algo perfectamente normal. Sin embargo, disfruto enormemente contemplando las coincidencias y casualidades de mi día a día.